Internacional

Tensión en la ultraderecha: El caso Epstein reabre grietas dentro del movimiento de Trump

La “lista de clientes” de Epstein prometida por Bondi sigue sin ver la luz

La decisión del gobierno de dar por concluida la investigación sobre Jeffrey Epstein no sólo busca cerrar un capítulo incómodo, sino que ha terminado por profundizar las divisiones internas en el movimiento ultraconservador que apoya a Donald Trump. Mientras desde la Casa Blanca se intenta avanzar, muchos de sus más fieles aliados exigen respuestas que consideran pendientes.

Durante una reunión de gabinete, Trump expresó irritación cuando fue cuestionado sobre el tema, dejando entrever su deseo de dejar atrás el escándalo. A su lado, la fiscala general Pam Bondi reiteró que Epstein se quitó la vida, dejando claro que el gobierno no planea abrir nuevas líneas de investigación.

No obstante, estas afirmaciones no lograron apaciguar el malestar en las bases trumpistas. Para muchos en ese sector, el caso Epstein sigue representando un símbolo de corrupción sistémica que involucra a figuras poderosas, y por tanto, merece más transparencia.

Activistas y personalidades influyentes no tardaron en reaccionar. Laura Loomer, una voz prominente del trumpismo, exigió la renuncia de Bondi, a quien acusa de ocultar información relevante para proteger a los poderosos. De forma paralela, Elon Musk también alzó la voz, cuestionando la integridad del presidente y pidiendo la publicación completa de los archivos vinculados al caso.

Una de las razones del enojo colectivo es la promesa no cumplida de Bondi, quien meses atrás declaró tener en su poder la llamada “lista de clientes” de Epstein, generando expectativas de revelaciones que nunca llegaron.

La tensión también ha comenzado a sentirse dentro del propio gobierno. Cercanos a Bondi aseguran que existe preocupación por el impacto político de su gestión del caso, especialmente si aspira a continuar su carrera en la administración pública.

Al interior del FBI, dirigido por Kash Patel con Dan Bongino como subdirector, también se han encendido las alarmas. Pese a haber desplegado un importante equipo de agentes para revisar videos y documentos relacionados con Epstein, no se han ofrecido resultados claros, lo que alimenta las críticas desde los sectores más conspirativos.

En medios afines al trumpismo como Fox News, y a través de pódcasts conservadores, las críticas han escalado. Figuras como Steve Bannon y Tucker Carlson han denunciado lo que consideran un encubrimiento institucional, pidiendo incluso el desmantelamiento de organismos federales que, aseguran, están comprometidos con proteger a las élites.

Aunque las críticas se centran principalmente en Bondi y el FBI, la figura de Trump no ha salido ilesa. En un giro poco común, parte de su propia base comienza a manifestar frustración por lo que perciben como una renuncia a enfrentar a las estructuras de poder que él prometió combatir.

Algunos comentaristas han intentado desviar la atención, insinuando —sin pruebas— que la administración Biden pudo haber eliminado evidencia antes de abandonar la Casa Blanca. Sin embargo, conviene recordar que gran parte del proceso judicial y la muerte de Epstein ocurrieron bajo el primer mandato de Trump.

Bondi ha defendido el cierre del caso afirmando que se revisaron horas de grabaciones y material confidencial, pero que no se encontró evidencia concluyente para continuar con nuevas acusaciones. Mencionó que el contenido más grave corresponde a pornografía infantil, y que este material no puede hacerse público por su naturaleza.

Aunque desde el gobierno se insista en que el tema está cerrado, la narrativa en torno a Epstein sigue viva en la opinión pública conservadora. Para muchos, el caso representa un punto ciego del sistema: una red de poder e impunidad que, lejos de haber sido desmantelada, sigue activa y protegida.