
Humo negro: un comienzo incierto en el cónclave del Vaticano
La espera fue larga, ya que el humo tardó más de tres horas en aparecer, un retraso considerable comparado con cónclaves previos
La primera votación de los cardenales en el cónclave papal realizado en el Vaticano culminó con humo negro, lo que significó que aún no se ha llegado a un consenso sobre quién será el próximo papa. Este indicio, que salió de la chimenea de la Capilla Sixtina, dejó claro que la jornada no había sido concluyente. Miles de fieles se agolparon en la Plaza de San Pedro, ansiosos por ver el resultado, mientras los cardenales, en privado, realizaban su votación secreta.
La espera fue larga, ya que el humo tardó más de tres horas en aparecer, un retraso considerable comparado con cónclaves previos, como el de 2013, que vio la elección del papa Francisco. A pesar de que el humo blanco es el símbolo de un papa elegido, en este caso se trataba de una votación inicial, por lo que el resultado no sorprendió.
Por el momento, los cardenales se han comprometido a votar hasta cuatro veces al día, buscando alcanzar una mayoría de dos tercios (89 votos), algo que podría tardar varios días. Algunos, no obstante, esperaban que el nuevo pontífice fuera anunciado entre el jueves o el viernes, como una muestra de la unidad y la rapidez de la Iglesia tras los años de papado del difunto Francisco.
Los 133 cardenales electores se retiraron por la noche a dos casas de huéspedes del Vaticano, donde seguirán sus discusiones de manera más informal antes de regresar al proceso de votación en la Capilla Sixtina al día siguiente. Su única forma de comunicarse con el mundo exterior será a través del humo que sale de la chimenea, que se torna blanco si hay un papa elegido o negro si no se llega a un acuerdo.
Las expectativas del cónclave están marcadas por la búsqueda de un nuevo líder que continúe la obra de Francisco o, por el contrario, que retome las viejas tradiciones de la Iglesia. En este sentido, se percibe un dividido panorama entre quienes desean una mayor apertura y quienes prefieren una línea más conservadora.
Por la mañana, antes de entrar al cónclave, los cardenales se reunieron en la Basílica de San Pedro para rezar y pedir la guía divina. El cardenal Giovanni Battista Re, en su sermón, recordó a los electores que debían dejar de lado intereses personales y pensar únicamente en el bien de la Iglesia y de la humanidad.
El contexto del cónclave actual refleja un creciente diversidad geográfica: los cardenales electores provienen de 70 países, un aumento notable respecto al cónclave de 2013. Aunque no hay un favorito claro, figuras como el cardenal Pietro Parolin de Italia y el filipino Luis Antonio Tagle son mencionados como posibles papables. Sin embargo, si ninguno de ellos obtiene suficiente apoyo, los votantes podrían inclinarse por otros nombres, buscando un candidato que pueda lograr unidad en la diversidad, como sugirió el cardenal Re en su homilía.
Entre los posibles candidatos se encuentran también el francés Jean-Marc Aveline, el húngaro Peter Erdo y el estadounidense Robert Prevost. En este sentido, el cardenal Re destacó que la unidad de la Iglesia no debe confundirse con uniformidad, sino que debe basarse en una comunión profunda y respetuosa de la diversidad dentro del cuerpo eclesiástico.
La reciente política vaticana ha reforzado el uso de medidas de alta tecnología para asegurar el secreto del proceso, lo que incluye dispositivos para evitar cualquier intento de espionaje.
A medida que avanza el cónclave, se espera que la elección de un nuevo papa no solo marque el fin de una era, sino que también defina el rumbo de la Iglesia para los próximos años, en medio de un mundo cada vez más globalizado y diverso. El 80% de los cardenales electores fueron nombrados por Francisco, lo que genera expectativas de que su sucesor siga, en parte, las políticas progresistas que definieron su pontificado.
