Crisis de agua en Cuautlancingo: Omar Muñoz esquiva las culpas, pero los vecinos siguen sin solución
La falta de coordinación y autocrítica dentro del gobierno municipal ha amplificado el malestar social
Cuautlancingo enfrenta una severa crisis hídrica que ha puesto en jaque a miles de familias, mientras las autoridades locales, en lugar de coordinar esfuerzos, parecen centrarse en señalarse mutuamente. En este contexto, la administración municipal, encabezada por Omar Muñoz Alfaro, y la dirección del Sistema Operador de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado de Cuautlancingo (SOSAPAC), a cargo de Lupita Daniel Hernández, protagonizan un intercambio de responsabilidades que ha dejado a la ciudadanía sin respuestas claras ni soluciones efectivas.
Aunque fue el propio presidente municipal quien designó a Lupita Daniel al frente del organismo operador del agua, ahora ha optado por desligarse de los resultados de su gestión. En sus declaraciones más recientes, Muñoz ha intentado justificar su postura al asegurar que se brindará apoyo para mejorar el servicio, aunque evita profundizar en el papel que jugó su gobierno al permitir una administración deficiente en un tema tan crucial como el abasto de agua.
Por su parte, Lupita Daniel ha argumentado que las fallas en el servicio obedecen a la falta de recursos, lo que no ha sido bien recibido por los habitantes afectados. Esta narrativa, repetida durante las protestas vecinales del pasado 24 de abril, provocó una fuerte reacción ciudadana, con exigencias directas para que la funcionaria sea destituida. Las justificaciones no han sido suficientes frente a una realidad en la que más de 40 mil personas padecen escasez, y en muchos casos, deben recurrir a pipas privadas cuyos costos son inaccesibles para muchas familias.
Las zonas más afectadas, como la Reserva Territorial Quetzalcóatl, reportan una persistente falta de suministro, a pesar de las promesas de solución emitidas por las autoridades desde hace semanas. Lo que inicialmente se presentó como un problema técnico o financiero ha derivado en un conflicto político-administrativo donde nadie asume plenamente la responsabilidad, agravando el desgaste institucional.
La falta de coordinación y autocrítica dentro del gobierno municipal ha amplificado el malestar social, pues en lugar de atender de forma directa y estructural el desabasto, los funcionarios parecen más enfocados en proteger su imagen pública. Esta postura ha generado una creciente desconfianza entre la ciudadanía, que hoy se siente abandonada por un gobierno incapaz de garantizar un servicio esencial.
En síntesis, Cuautlancingo no solo enfrenta una crisis de agua: enfrenta una crisis de gobernabilidad, donde las decisiones erróneas, la falta de transparencia y la evasión de responsabilidades han dejado a la población en una situación crítica, sin certezas ni plazos para recuperar un acceso digno y constante al agua potable.
