Puebla

PAN Puebla: discursos de unidad en un proceso interno sin apertura real

La estructura electoral del PAN limita la participación real de todos los militantes

La dirigencia municipal del Partido Acción Nacional (PAN) en Puebla está en disputa. Manuel Herrera Rojas, uno de los aspirantes, ha iniciado su recorrido para alcanzar la candidatura, con un discurso centrado en la unidad y la cercanía con la militancia. Pero detrás de estas declaraciones, el proceso interno revela dinámicas poco democráticas que han sido criticadas por su falta de apertura y transparencia.

Con una base afiliada de 4 mil 500 panistas, el partido se prepara para una asamblea en la que se espera la participación de apenas la mitad. Lejos de celebrarse como una fiesta democrática, la contienda se desarrolla bajo estructuras que favorecen a grupos previamente posicionados, marginando a quienes no forman parte de las redes de poder internas.

Herrera propone construir un PAN más cercano a las bases y recuperar la confianza de la militancia de cara a 2027. Sin embargo, estas propuestas suelen surgir solo durante los procesos de renovación interna, para luego desaparecer cuando los nuevos liderazgos asumen el cargo. La historia del partido en Puebla demuestra que los compromisos de trabajo territorial y escucha activa rara vez se traducen en hechos concretos.

Mientras se habla de una elección abierta, la realidad es que la participación plena de la militancia está condicionada por prácticas burocráticas, exclusiones informales y escasa difusión. La inclusión de hombres y mujeres no basta si no existe una voluntad real de redistribuir el poder dentro del partido.

La narrativa de unidad contrasta con la realidad de un PAN que no ha resuelto sus divisiones internas ni ha fortalecido sus canales de participación desde las bases. El llamado a “no fracturar” muchas veces se traduce en la exigencia de alinearse, más que en una invitación al diálogo plural.

El reto para el PAN en Puebla no es solo elegir a su próximo dirigente municipal, sino demostrar que puede romper con sus viejas prácticas y abrirse verdaderamente a su militancia. De lo contrario, la distancia entre los discursos y la acción seguirá debilitando al partido ante una ciudadanía cada vez más crítica.