
PAN eleva el tono contra Morena, pero guarda silencio sobre su propio pasado con el narco
En un video difundido por redes sociales, Romero criticó abiertamente a los gobiernos de Morena en estados como Tabasco, Sinaloa y Tamaulipas
Mientras el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero Herrera, lanza acusaciones contra el partido Morena por presuntos vínculos con el crimen organizado, el pasado del panismo sigue proyectando una sombra que su dirigencia evita mencionar: el caso de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública durante el sexenio de Felipe Calderón, actualmente detenido en Estados Unidos y procesado por colaborar con el Cártel de Sinaloa.
En un video difundido por redes sociales, Romero criticó abiertamente a los gobiernos de Morena en estados como Tabasco, Sinaloa y Tamaulipas, señalando supuestas omisiones o complicidades frente al crimen organizado. Además, exigió la creación de comisiones legislativas para investigar casos como el del grupo delictivo La Barredora en Tabasco o las operaciones financieras de la firma Vector.
El dirigente panista planteó una reforma para castigar con cadena perpetua a cualquier funcionario público coludido con grupos criminales. Sin embargo, no hizo ninguna mención a García Luna, cuyo caso representa el vínculo más documentado y judicializado entre el narcotráfico y un alto funcionario de seguridad en México, y que ocurrió precisamente durante un gobierno del PAN.
García Luna fue detenido en 2019 en Texas y enfrenta cargos en una corte federal de Nueva York por supuestamente aceptar sobornos millonarios del Cártel de Sinaloa a cambio de protección institucional. El juicio ha arrojado testimonios y pruebas que revelan una estructura profunda de corrupción en la lucha oficial contra el narcotráfico, justamente bajo el discurso de “mano dura” promovido por el panismo en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón.
El contraste entre las denuncias de Romero y el historial del PAN ha despertado críticas sobre una estrategia política basada en señalamientos selectivos, sin asumir responsabilidades por las fallas o complicidades del pasado. A pesar de la gravedad del caso García Luna, el partido blanquiazul no ha impulsado comisiones internas, investigaciones parlamentarias ni procesos partidarios para deslindar o asumir responsabilidades.
Romero también interpeló públicamente a la presidenta Claudia Sheinbaum, solicitando que se pronuncie sobre las propuestas panistas para investigar al oficialismo. Además, pidió a los medios que asisten a las conferencias matutinas de la mandataria que lleven estas preguntas a la agenda nacional.
No obstante, la omisión del PAN respecto al caso García Luna sigue siendo un punto ciego que resta legitimidad a su discurso anticrimen, sobre todo cuando su figura más emblemática en materia de seguridad se encuentra formalmente acusada de haber operado como un brazo institucional del narcotráfico desde el corazón del Estado mexicano.
En un país con larga historia de impunidad, los discursos duros contra el crimen organizado tienen mayor peso cuando vienen acompañados de autocrítica y congruencia, algo que, de momento, el PAN sigue debiendo.
